¿Está la economía mundial resistiendo sorprendentemente bien o se desliza hacia una crisis de deuda?
Quienes asistieron a las Reuniones Anuales de 2026 del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Grupo del Banco Mundial en Bangkok pudieron haberse llevado la impresión de que ambas cosas son ciertas al mismo tiempo. El evento combinó un optimismo cauteloso con una creciente preocupación por el estado de las finanzas públicas a nivel mundial.
Hubo bastantes buenas noticias, incluso después de que el FMI revisara a la baja sus previsiones de crecimiento mundial, pasando del 3,7 % al 3,1 %. La inteligencia artificial (IA) fue la gran protagonista: los economistas la consideran ahora un motor de crecimiento estructural, más que un simple ciclo tecnológico pasajero. Otros motivos para el optimismo fueron la aceleración de la integración de las economías de la ASEAN y el sólido crecimiento de la India. El nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, señaló durante el encuentro que «la credibilidad institucional es clave», un mensaje alentador en un contexto de dudas sobre la independencia de la Fed.
Por otro lado, surgieron inquietudes en torno al vertiginoso aumento de la deuda en las principales economías y su impacto en los costes de endeudamiento. A pesar de los conflictos en curso en Ucrania y el Golfo, a los asistentes les preocupaban menos el alza de los precios que el elevado nivel de endeudamiento y el gasto público sostenido.
Si bien la IA fue el centro de atención, los economistas señalaron una brecha cada vez mayor entre los ganadores y los perdedores dentro de su ecosistema. Muchos de los presentes también expresaron su preocupación por la creciente dependencia mundial de un conjunto cada vez más reducido de motores económicos.
La IA da inicio a una era de crecimiento marcado por la inquietud
El espectacular crecimiento de la IA fue un tema central de la reunión. Según el FMI, una fuerte inversión en tecnología e infraestructura de IA está compensando los choques energéticos derivados del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Dicha inversión contribuirá a impulsar el crecimiento del PIB real hasta el 3,1% en 2026 y el 3,4% en 2027.
El presidente de la Reserva Federal, Warsh, subrayó la dependencia de la economía mundial respecto a la IA. Por el lado de la demanda, señaló que el crecimiento está siendo impulsado por una enorme inversión en infraestructura de IA. Por el lado de la oferta, el uso de la IA contribuirá a aumentar la riqueza al potenciar la productividad.
No obstante, el FMI también señaló que solo 32 países concentran el 95% del crecimiento mundial, lo que pone de relieve una brecha creciente entre quienes tienen acceso a la IA y quienes no. La actividad económica se concentra cada vez más en los países que desarrollan plataformas clave de IA o que suministran el hardware necesario. Estados Unidos y China son los ganadores evidentes, pero entre los beneficiarios también se encuentra un grupo de economías de la ASEAN que desempeñan un papel fundamental en la cadena de suministro de la IA: Tailandia, Singapur, Malasia y Vietnam.
¿Demasiados huevos en la cesta de la IA?
El éxito de la IA a la hora de impulsar el crecimiento económico fue bien recibido por los asistentes, aunque no sin reservas. Si el crecimiento se concentra cada vez más en países y sectores con fuertes vínculos con el ecosistema de la IA, ¿qué sucede si ese impulso se estanca?
El tono general de las conferencias fue optimista, pero existía el temor de que el crecimiento del comercio tuviera una base estrecha y dependiera en exceso del intercambio de bienes relacionados con la inteligencia artificial entre un grupo reducido de países.
Los líderes del FMI reconocieron que, si bien la economía mundial ha demostrado ser resiliente, dicha resiliencia tiene sus límites. Además de la guerra en Oriente Medio y los efectos de un fenómeno de "super El Niño", el FMI señaló que las dudas en torno a la valoración y la rentabilidad de la inteligencia artificial (IA) representan un riesgo a la baja para el crecimiento.
Muchos economistas se hicieron eco de esta preocupación. Si la IA está sobrevalorada, el mundo debería ser cauteloso ante una dependencia excesiva de las inversiones, la productividad y el comercio relacionados con esta tecnología. Si la revolución de la IA flaquea, ¿qué supondría esto para la economía mundial?
"El tono general de las conferencias fue optimista, a veces incluso eufórico, principalmente debido a los espectaculares avances en el campo de la IA", comenta John Lorié, economista jefe de Atradius, quien asistió al evento.
"No obstante, surgieron temores de que el crecimiento del aún relativamente sólido comercio mundial se sustente sobre una base estrecha y dependa en exceso del intercambio de bienes relacionados con la IA entre un grupo reducido de países. En el bloque de la ASEAN, por ejemplo, gran parte del crecimiento se concentra en países que importan productos intermedios vinculados a la IA desde China, les añaden valor y, posteriormente, los exportan, principalmente a Estados Unidos."
Fragilidad fiscal y financiera
Si bien el ambiente de optimismo en la reunión era genuino, subyacía la sensación de que el éxito de la inteligencia artificial estaba ocultando un panorama económico y fiscal más incierto. Durante la conferencia se señaló que la deuda pública se está convirtiendo en un riesgo importante; la precaria situación fiscal de países como Estados Unidos, Francia y China fue un tema recurrente.
A medida que los gobiernos aumentan su endeudamiento, el capital se vuelve más costoso o menos accesible para las empresas. Con el tiempo, la deuda se torna insostenible. Estados Unidos y Francia constituyen casos de estudio contrastantes: ambos están fuertemente endeudados, presentan grandes déficits presupuestarios y están pagando las consecuencias a través de elevados costos por intereses. Sin embargo, Francia parece estar más dispuesta que su contraparte transatlántica a aplicar ajustes fiscales para controlar su deuda.
"En las reuniones se comentó que es poco probable que Estados Unidos lleve a cabo ajustes fiscales en los próximos dos años, independientemente de qué partido controle el Congreso tras las elecciones de mitad de mandato", afirma Lorié. "Es necesario aumentar los impuestos, pero en Washington no existe ninguna voluntad política para ello, a pesar de que la situación actual es claramente insostenible. Por el contrario, en Francia parece haber una mayor conciencia política de que es necesario tomar medidas."
Warsh, presidente de la Reserva Federal, señaló ante los asistentes que el periodo de estancamiento y bajo crecimiento ha llegado a su fin, al igual que la era de los tipos de interés bajos. Muchos economistas consideran que el problema del bajo crecimiento ha sido sustituido por otro caracterizado por un alto nivel de endeudamiento y un elevado costo de la deuda. A medida que la actividad económica se intensifica, las empresas deben aprovechar las oportunidades, adaptándose al mismo tiempo a una nueva realidad marcada por mayores costos de capital.

Las principales economías de Asia siguen trayectorias divergentes.
En consonancia con las emociones contrapuestas que se vivieron durante la conferencia, surgieron noticias tanto positivas como negativas sobre las economías dominantes de Asia.
El sólido desempeño económico de la India la convierte en una excepción a la regla en Asia, con un crecimiento del 7 % a pesar de su mínima participación en las cadenas de suministro de inteligencia artificial. Durante la conferencia se señaló que la abundancia de mano de obra cualificada en la India la sitúa en una posición favorable para seguir desarrollando sus sectores de procesamiento de alimentos, manufactura y servicios empresariales.
Sin embargo, mientras que la India mantiene una economía cerrada, China actúa como motor del crecimiento mundial. La trayectoria de crecimiento estructural de China, que ha sufrido una revisión a la baja, representa un problema para el resto del mundo.
El PIB de China registró un crecimiento interanual del 4,5 % entre julio y septiembre, lo que sitúa al país en camino de alcanzar el objetivo gubernamental fijado para 2026. No obstante, el país atraviesa un periodo complejo, marcado por una débil demanda interna y una crisis inmobiliaria persistente que lastran la economía. Algunos participantes en la conferencia expresaron su temor a que la tasa de préstamos morosos en el sector inmobiliario pudiera elevarse hasta cerca del 30 %, lo que conllevaría repercusiones potencialmente graves para los bancos y los inversores.
El PIB chino se ve respaldado por un sector exportador pujante que, más allá de la manufactura vinculada a la inteligencia artificial, abarca automóviles, vehículos eléctricos, paneles solares y productos farmacéuticos. Sin embargo, las restricciones comerciales empezarán a hacerse notar con mayor intensidad durante el próximo año. Estados Unidos ya está cerrando sus mercados a los productos chinos, y la Unión Europea está limitando las importaciones en sectores clave. En este contexto, la pregunta que se planteó en la conferencia es si el motor exportador chino podrá seguir compensando la debilidad de la demanda interna.
Equilibrar el riesgo y la recompensa
¿Cómo deberían interpretar las empresas esta serie de mensajes contradictorios? La conclusión evidente es que el aumento de los costes de financiación reduce los márgenes, incluso cuando el crecimiento abre nuevas oportunidades. A largo plazo, un entorno de tipos de interés más elevados podría influir en el comportamiento de pago de los clientes y, potencialmente, elevar las tasas de insolvencia. Warsh y otros expertos confirmaron que, a ojos de los responsables de política económica, los mayores costes de financiación constituyen la nueva normalidad. El escenario de tipos de interés nulos o cercanos a cero, característico del periodo anterior a 2022, ha quedado definitivamente atrás.
Los asistentes en Bangkok describieron un mundo en transición, en el que el crecimiento se recupera tras los mínimos registrados tras la pandemia, mientras que la fragilidad fiscal se ha convertido en la principal preocupación macroeconómica. Ante este panorama, las empresas deben prestar tanta atención a las condiciones de financiación como a las previsiones de crecimiento. La era del estancamiento ha terminado, pero el crecimiento tiene un precio.
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- La IA está manteniendo la resiliencia del crecimiento mundial; sin embargo, dicha resiliencia se encuentra cada vez más concentrada, ya que solo 32 países representan el 95 % del crecimiento global.
- El aumento de la deuda pública se perfila como la principal preocupación macroeconómica, lo que sugiere que el mayor costo del endeudamiento podría convertirse en un desafío duradero para las empresas.
- El panorama de crecimiento en Asia muestra una divergencia: mientras la India registra una expansión sólida, China depende de las exportaciones para compensar la debilidad de su demanda interna y las presiones en el sector inmobiliario.